Los recientes incendios forestales destruyen cientos de hectáreas de vegetación en la capital. Detrás del humo, aves y pequeños mamíferos pierden su hábitat natural entre las llamas.

El humo cubre nuevamente el cielo del Distrito Metropolitano de Quito. En los cerros Casitagua e Ilaló, así como en los sectores de La Vicentina y las faldas del Pichincha, el fuego avanza rápido por la vegetación seca y la fuerza de los vientos de temporada. Cientos de hectáreas consumidas dejan una huella de destrucción en la capa vegetal. Sin embargo, la pérdida más profunda ocurre en silencio: el impacto directo sobre la biodiversidad nativa y la fauna silvestre de la capital.
En las laderas andinas habitan conejos de monte, zarigüeyas, guantas, reptiles y especies emblemáticas como el quilico o el colibrí. Frente al avance vertiginoso del fuego, las aves abandonan sus nidos con crías dentro. Los pequeños mamíferos intentan buscar refugio en quebradas que sucumben ante las altas temperaturas. Las llamas reducen a cenizas los refugios de estas especies y destruyen los corredores ecológicos que conectan la vida en los valles con los páramos.
La respuesta de las autoridades incluye despliegues por tierra y descargas aéreas de agua. A la par del combate al fuego, brigadas de la Unidad de Bienestar Animal (UBA) del Municipio de Quito y grupos de rescate atienden a ejemplares afectados por quemaduras, deshidratación grave o asfixia por inhalación de humo. Varios animales de compañía también reciben atención médica tras evacuar sectores urbanos cercanos a las quebradas.
Especialistas ambientales coinciden en que la recuperación de estos ecosistemas tomará décadas. El costo ecológico trasciende la pérdida de árboles y arbustos; la muerte de animales silvestres altera la cadena alimenticia local y la dispersión natural de semillas. La fauna silvestre forma parte del patrimonio natural e identitario de Quito, pero su supervivencia tambalea frente a cada temporada seca.
Más del 90 por ciento de estos flagelos proviene de acciones humanas intencionales o descuidos agrícolas. Ante este escenario, la Fiscalía y las autoridades municipales mantienen procesos judiciales abiertos contra personas sospechosas de iniciar incendios. La tragedia que sufren los animales de la capital exige algo más que sanciones legales: demanda una profunda transformación cultural hacia el respeto, la prevención y el cuidado colectivo del entorno natural.
