Pasar varias horas frente a una computadora suele alterar los horarios de comida y favorecer el consumo de snacks, bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados. Una alimentación equilibrada puede incorporarse a la jornada laboral sin dietas extremas ni cambios complicados.

Para muchas personas, la jornada laboral comienza con un café, continúa con varias horas frente a una pantalla y termina con un almuerzo rápido entre reuniones, llamadas o pendientes. En ese ritmo, la alimentación puede quedar en segundo plano y algunas decisiones que parecen pequeñas pueden convertirse en hábitos diarios.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una alimentación saludable debe basarse en cuatro principios: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. También recomienda priorizar alimentos mínimamente procesados y reducir el consumo de productos con exceso de azúcares libres, grasas poco saludables y sodio.

El problema no siempre está en el almuerzo

Uno de los principales desafíos de la alimentación en la oficina aparece entre comidas. Galletas, dulces, papas fritas, productos de panadería y bebidas azucaradas pueden convertirse en opciones frecuentes cuando existe poco tiempo para comer o cuando los alimentos saludables no están disponibles.

Harvard T.H. Chan School of Public Health recomienda priorizar verduras, frutas, cereales integrales y fuentes saludables de proteína. También aconseja elegir agua en lugar de bebidas azucaradas.

Esto no significa eliminar por completo determinados alimentos. La calidad general de la dieta y la variedad tienen mayor importancia que convertir la alimentación en una lista de prohibiciones. Las necesidades nutricionales también cambian según la edad, el tamaño corporal, el estilo de vida y el nivel de actividad física de cada persona.

Un plato sencillo puede marcar la diferencia

Una referencia práctica consiste en dar mayor espacio a las verduras y frutas, acompañarlas con una fuente de proteína y elegir cereales integrales cuando sea posible. Entre las opciones recomendadas por Harvard aparecen alimentos como legumbres, pescado, pollo, frutos secos, arroz integral, avena y otros cereales integrales.

Para una jornada laboral, esto puede traducirse en preparaciones sencillas: una ensalada con legumbres y huevo, arroz integral con pollo y verduras, una sopa acompañada de una fuente de proteína o fruta con frutos secos como alternativa para una colación.

Estar sentado también cuenta

La alimentación no es el único factor que merece atención. El trabajo de oficina suele implicar largos periodos de sedentarismo y menor movimiento durante el día. La OMS destaca que la actividad física contribuye al bienestar, ayuda a mantener un peso saludable y reduce el riesgo de varias enfermedades no transmisibles.

Por eso, una rutina más saludable no depende de una dieta de moda. Levantarse de la silla durante la jornada, caminar cuando sea posible, subir escaleras y reservar tiempo para actividad física son medidas que pueden complementar una alimentación equilibrada.

La clave está en revisar los hábitos que se repiten todos los días. Un almuerzo equilibrado, agua como bebida principal, mayor presencia de alimentos frescos y más movimiento pueden transformar la rutina de oficina sin convertir la alimentación en una fuente adicional de estrés.

Por prensaag