Francia intenta recuperar el control tras un fin de semana de protestas, saqueos y fuertes enfrentamientos en varias ciudades.
El Gobierno prepara restricciones locales, mientras Emmanuel Macron enfrenta una nueva crisis política a pocos meses de las elecciones presidenciales.

Francia inició la semana bajo una fuerte tensión social después de varios días de protestas que terminaron en disturbios, saqueos y daños a edificios públicos y comercios. El Gobierno anunció este lunes 19 de octubre que algunas zonas del país podrán quedar bajo toques de queda parciales con el objetivo de evitar nuevos episodios de violencia.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, pidió a los prefectos que apliquen restricciones de forma puntual en los sectores más afectados. Por ahora, el Ejecutivo descarta un toque de queda general en París, aunque Lecornu no excluyó un eventual estado de emergencia si la situación empeora. Las autoridades prevén precisar durante la jornada cuáles serán las áreas sujetas a las nuevas medidas. 

La crisis tuvo su punto más grave durante el fin de semana. Las protestas, que surgieron tras semanas de movilización estudiantil y reclamos por el costo de vida y las condiciones de los servicios públicos, reunieron a cientos de miles de personas en distintas ciudades. La mayoría de las marchas transcurrió de forma pacífica, pero grupos violentos protagonizaron ataques, incendios, saqueos y daños contra propiedades públicas y privadas.

París, Marsella, Lyon, Burdeos y Limoges estuvieron entre las ciudades con mayores incidentes. En Limoges, el histórico edificio del Ayuntamiento sufrió graves daños tras un incendio, mientras comercios de distintas zonas del país quedaron afectados por saqueos y actos vandálicos. La Federación francesa de Comercio y Distribución calcula que cerca de 3.000 establecimientos resultaron perjudicados. 

Las fuerzas de seguridad arrestaron a unas 2.400 personas durante los disturbios. Reuters informó, con base en datos de las autoridades francesas, que cerca de un millar de policías resultaron heridos durante las jornadas de protesta. El elevado número de incidentes también abrió cuestionamientos sobre la capacidad de anticipación y respuesta de los organismos de seguridad. 

La presión política alcanzó al ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien presentó su renuncia. El presidente Emmanuel Macron rechazó la dimisión y optó por mantenerlo en el cargo ante la necesidad de conservar la conducción de las fuerzas de seguridad durante la crisis. El mandatario también ordenó revisar las posibles fallas en los servicios de inteligencia y en el dispositivo policial. 

La incertidumbre ya alcanzó a los mercados. El euro perdió terreno este lunes y los activos franceses registraron presión ante las dudas sobre la estabilidad política, a lo que se sumó el impacto del aumento de los precios de la energía en Europa.

Francia afronta ahora el desafío de frenar los disturbios sin cerrar el espacio a las protestas pacíficas. Las próximas horas serán clave para conocer el alcance de los toques de queda y determinar si las medidas resultan suficientes para reducir la tensión en las principales ciudades.

Por prensaag